“Por que las lagrimas de una loca no tienen identificación, ni color, ni sabor, ni riegan ningún jardín de ilusiones. Las lágrimas de una loca huacha como ella, nunca verán la luz, nunca serán mundos húmedos que recogerán pañuelos secantes de páginas literarias. Las lágrimas de una loca siempre parecerán fingidas, lagrimas de utilería, llanto de payasos, lagrimas crespa, actuadas por la cosmética de la chiflada emoción.” Tengo miedo torero.
Y hoy que yo tengo tu suerte, ya no quiero verte, nunca más, el tiempo ah sido una venganza, que ya no me alcanza, con esperar.
Dar fin a este delirio, te entregó al martirio, que me devoró, toda el alma debocada dejándome aislado de mi corazón.
Con el filo del silencio voy a decapitarte.
Como si lo dislocado fuera una costumbre, como si no se le tuviera miedo a ningún arácnido, como si los toros tuvieran la sangre tranquila, como que la vida fuera tierna.
Y simplemente pretendo no tener frío, para quitar el tullo, aprendo a no saborear lo oxidado, para no oxidarme, que mi piel vuelva a estar blanda como el día en que nací, para poder ablandar la tulla, que yo no te quiero como una lamina de lata, sino que como una mota de algodón.
Ya deberías flotar, o por lómenos ser un poco de nada.
Sostén negro, sostén negro, uñas rojas, uñas rojas, ganas de linchar, ganas de matar, no cambia, no cambia.
Cruda, le gustaba lamer, saboreaba de atrás hacia delante.